De Progreso a Roma: agricultora chiricana de 74 años recibe reconocimiento mundial de la FAO
Idalides Calderón de González, productora del distrito de Barú, fue distinguida entre 100 mujeres que contribuyen a transformar los sistemas agroalimentarios y las comunidades rurales del mundo. Su historia comenzó cultivando alimentos para sostener a su familia y hoy inspira a nuevas generaciones de agricultoras.
BARÚ, CHIRIQUÍ. — Desde los campos del corregimiento de Progreso, en el distrito de Barú, hasta un reconocimiento internacional vinculado al Foro Mundial de la Alimentación en Roma, la trayectoria de Idalides Calderón de González demuestra cómo el trabajo agrícola puede convertirse en una herramienta de liderazgo, organización comunitaria y desarrollo.
A sus 74 años, esta productora chiricana fue seleccionada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) entre las 100 Mujeres Heroínas de los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural, una distinción que reconoce el aporte de mujeres a la producción de alimentos y al fortalecimiento de las comunidades.
La panameña fue postulada por el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), en reconocimiento a una trayectoria de varias décadas dedicada a la agricultura familiar, la organización de productoras y la promoción de oportunidades para las mujeres del campo.
El reconocimiento adquiere especial relevancia en 2026, declarado Año Internacional de la Agricultora, una iniciativa orientada a visibilizar la contribución femenina a los sistemas agroalimentarios.
Una infancia marcada por el trabajo de la tierra
La relación de Idalides con la agricultura comenzó desde muy pequeña.
Creció en una finca bananera de Chiriquí, donde su padre trabajaba y su familia cultivaba distintos alimentos cerca de su vivienda.
Cuando tenía nueve años, la muerte de su padre cambió las circunstancias del hogar. Los cultivos familiares adquirieron entonces mayor importancia para garantizar la alimentación y obtener ingresos mediante la venta de los excedentes.
Banano, plátano, yuca, maíz, papaya, aguacate y otros productos formaron parte de una experiencia que, con los años, se convertiría en su vocación.
Aunque también trabajó y procuró continuar sus estudios, nunca abandonó su vínculo con la producción agrícola.
Una productora que sigue sembrando a los 74 años
En la actualidad, Idalides y su familia continúan trabajando la tierra.
Entre los productos que cultivan figuran cocos para consumo como pipas, papaya, diversas variedades de banano, aguacate, yuca, maíz y piña, además de árboles maderables.
Una parte de la cosecha se destina al consumo familiar y otra a la comercialización, manteniendo un modelo de agricultura que combina seguridad alimentaria y generación de ingresos.
Para esta chiricana, cultivar representa mucho más que una actividad económica: es una forma de vida que ha transmitido a su familia y a otras mujeres de su comunidad.
De una iniciativa comunitaria a una asociación de productoras
Con el propósito de compartir conocimientos y crear nuevas oportunidades, Idalides comenzó a reunir a mujeres dedicadas a la agricultura, la cría de animales y otras actividades productivas.
De ese esfuerzo nació la Asociación Agroartesanas de Barú, que obtuvo su personería jurídica en 2006.
La organización agrupa actualmente a unas 18 mujeres y sus familias, quienes trabajan en sus propios terrenos y, en determinadas ocasiones, reúnen sus productos para comercializarlos en ferias y espacios comunitarios.
Además de cultivar alimentos y criar animales, las integrantes elaboran productos como tamales y bollos, y desarrollan actividades artesanales para diversificar sus fuentes de ingresos.
La experiencia ha permitido fortalecer la colaboración entre productoras y demostrar que la organización comunitaria puede ampliar las oportunidades económicas en las zonas rurales.
Durante la pandemia, sus cosechas también ayudaron a otros
Uno de los episodios más significativos de su trayectoria ocurrió durante la pandemia de COVID-19.
En una zona caracterizada por su clima cálido, las integrantes de la asociación decidieron sembrar hortalizas que algunos consideraban difíciles de producir en esas condiciones.
El esfuerzo dio resultados: lograron cultivar repollo, lechuga, brócoli y cebolla.
La cosecha no solo contribuyó al abastecimiento de las familias productoras. También permitió compartir alimentos con un albergue de personas mayores en cuatro ocasiones, en momentos en que las restricciones de movilidad dificultaban el acceso a determinados productos.
Aquella experiencia reforzó una de las convicciones de Idalides: la agricultura también puede ser una herramienta de solidaridad.
Su liderazgo alcanza a miles de mujeres rurales
Con el paso de los años, su participación trascendió las comunidades de Barú.
Actualmente, Idalides preside la Red Panameña de Asociaciones de Mujeres Rurales, una plataforma que, según la información difundida por la FAO, articula a unas 3,000 mujeres organizadas en distintas regiones del país.
Desde ese espacio impulsa la participación femenina, el intercambio de conocimientos, el fortalecimiento de emprendimientos y la valoración del trabajo de las productoras.
Su trayectoria también pone de relieve los desafíos que enfrentan muchas mujeres rurales para acceder a recursos, mercados y oportunidades de desarrollo.
Un reconocimiento que comparte con las mujeres del campo
Lejos de considerar la distinción como un logro exclusivamente personal, Idalides ha expresado que el reconocimiento representa el esfuerzo colectivo de las agricultoras panameñas.
También ha manifestado su disposición de continuar transmitiendo gratuitamente sus conocimientos a mujeres que comienzan a trabajar en la agricultura.
A sus 74 años, no contempla abandonar las labores que aprendió durante su infancia.
Su historia reúne perseverancia, producción de alimentos, organización comunitaria y compromiso con las nuevas generaciones.
Desde Progreso, en el distrito de Barú, Idalides Calderón de González proyecta internacionalmente el aporte de las mujeres chiricanas al desarrollo rural.
Una distinción que no solo reconoce décadas de trabajo, sino que también recuerda la importancia de quienes, cada día, cultivan los alimentos que llegan a los hogares.
Información basada en el perfil y los antecedentes difundidos por la FAO.
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