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Los infartos también afectan a los jóvenes: siete señales de alerta que podrían salvar una vida

retenchiriqui
hace 2 minutos
5 min de lectura

Aunque suelen asociarse con personas de edad avanzada, los infartos también pueden presentarse en adultos jóvenes y personas aparentemente saludables. Especialistas en cardiología advierten que reconocer las señales de alarma, controlar los factores de riesgo y buscar atención médica inmediata puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

SALUD. Tener 30, 40 o 50 años, practicar deportes o mantener una vida activa no garantiza estar libre de una emergencia cardiovascular. Los infartos pueden ocurrir antes de lo esperado, especialmente cuando existen factores de riesgo que pasan inadvertidos durante años.

El tema ha cobrado relevancia tras conocerse recientes fallecimientos de figuras públicas de mediana edad en Argentina, que han generado preguntas sobre la salud del corazón y la importancia de la prevención temprana.

Sin embargo, los especialistas insisten en que los casos individuales no permiten concluir que exista un aumento generalizado de infartos entre los jóvenes. Para determinar una tendencia se necesitan estadísticas poblacionales y estudios específicos.

La principal recomendación médica es clara: no ignorar síntomas compatibles con un infarto, aunque la persona sea joven o aparentemente saludable.

Siete señales de alerta que no deben ignorarse

El infarto agudo de miocardio ocurre cuando se reduce o interrumpe de manera importante el flujo sanguíneo hacia una parte del músculo cardíaco, lo que puede provocar lesiones graves si no se restablece la circulación rápidamente.

Aunque los síntomas pueden variar entre personas, existen manifestaciones que requieren especial atención:

1. Presión, opresión o dolor en el pecho. Puede sentirse como un peso, una sensación de apretón o ardor. En ocasiones aparece y desaparece.

2. Molestias en uno o ambos brazos. El dolor puede extenderse desde el pecho hacia los brazos o los hombros.

3. Dolor en la mandíbula, el cuello o la espalda. Algunas personas presentan molestias fuera del pecho que pueden confundirse con problemas musculares.

4. Dificultad para respirar. Puede aparecer junto con dolor torácico o incluso sin una molestia intensa en el pecho.

5. Sudor frío inexplicable. Una sudoración repentina, especialmente acompañada de malestar, puede ser una señal de emergencia.

6. Náuseas, vómitos o molestias en la parte superior del abdomen. En determinados casos, los síntomas se confunden con indigestión o problemas gastrointestinales.

7. Mareos, debilidad intensa o sensación de desmayo. Estas manifestaciones, especialmente cuando se presentan junto con otras señales, requieren evaluación inmediata.

No todas las personas experimentan los mismos síntomas ni necesariamente presentan dolor intenso en el pecho.

Ante síntomas nuevos, persistentes o compatibles con un infarto, se debe llamar de inmediato al servicio de emergencias. No es recomendable conducir por cuenta propia ni esperar a que el malestar desaparezca.

¿Por qué una persona joven puede sufrir un infarto?

Una de las principales causas es la enfermedad de las arterias coronarias, que puede desarrollarse silenciosamente durante años.

Con el tiempo, el colesterol y otras sustancias pueden acumularse en las paredes arteriales y formar placas. Si una placa se rompe, puede originarse un coágulo que obstruya el paso de la sangre hacia el corazón.

El cardiólogo argentino Alejandro Amarilla, integrante de la Federación Argentina de Cardiología, explicó en declaraciones a Infobae que la juventud disminuye la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular, pero no elimina el riesgo.

Por su parte, el especialista Hernán Krimer señaló que algunas personas pueden desarrollar problemas coronarios antes de los 40 años, especialmente si presentan tabaquismo, colesterol elevado, diabetes o predisposición hereditaria.

También existen causas menos frecuentes de infarto, como determinados trastornos de las arterias coronarias, espasmos vasculares y otras condiciones que requieren evaluación especializada.

Factores de riesgo que pueden pasar desapercibidos

La prevención cardiovascular no depende únicamente de evitar alimentos grasos o realizar ejercicio.

Entre los principales factores que deben vigilarse se encuentran:

  • Tabaquismo: perjudica los vasos sanguíneos y favorece la formación de coágulos.

  • Colesterol LDL elevado: puede contribuir al desarrollo de placas en las arterias desde edades tempranas.

  • Presión arterial alta: aumenta el esfuerzo del corazón y puede causar daño vascular sin producir síntomas evidentes.

  • Diabetes: incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular, especialmente cuando no está adecuadamente controlada.

  • Antecedentes familiares: tener familiares cercanos con enfermedad coronaria prematura puede indicar mayor susceptibilidad.

  • Obesidad abdominal y sedentarismo: se relacionan con alteraciones metabólicas y cardiovasculares.

  • Consumo de cocaína y otros estimulantes: puede desencadenar complicaciones cardíacas graves, incluso en personas jóvenes.

El descanso insuficiente y el estrés persistente también pueden influir en la salud cardiovascular, aunque no deben considerarse explicaciones únicas de un infarto.

Ser deportista no significa estar completamente protegido

La actividad física habitual es una de las herramientas más importantes para cuidar el corazón.

Sin embargo, los especialistas recuerdan que una persona físicamente activa también puede presentar hipertensión, colesterol elevado, diabetes o enfermedades hereditarias.

Esto no significa que el ejercicio sea peligroso para la mayoría de las personas. Por el contrario, sus beneficios cardiovasculares están ampliamente documentados.

La recomendación es practicar actividad física de manera progresiva, conocer los antecedentes personales y familiares y consultar con profesionales de salud cuando existan síntomas o condiciones que requieran evaluación.

¿Cómo reducir el riesgo cardiovascular desde edades tempranas?

La prevención comienza mucho antes de la aparición de una enfermedad.

Entre las medidas recomendadas se encuentran mantener una alimentación equilibrada, evitar el tabaco, realizar ejercicio regularmente, dormir adecuadamente y controlar las enfermedades crónicas.

Para la mayoría de los adultos, las recomendaciones internacionales incluyen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o una cantidad equivalente de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.

También es importante conocer periódicamente los valores de presión arterial, colesterol y glucosa, según la edad, los antecedentes y la evaluación médica.

Las personas con antecedentes familiares de infartos a edades tempranas pueden necesitar controles específicos, incluso cuando no presentan síntomas.

¿Las vacunas contra la COVID-19 provocan infartos?

En redes sociales circulan publicaciones que atribuyen infartos o muertes repentinas en personas jóvenes a la vacunación contra la COVID-19.

Sin embargo, no existe evidencia sólida de que la vacunación contra la COVID-19 haya provocado un aumento generalizado de infartos en jóvenes.

Es importante distinguir el infarto de la miocarditis, una inflamación del músculo cardíaco que, en casos poco frecuentes, puede presentarse después de determinadas vacunas.

La infección por el virus SARS-CoV-2 también puede producir complicaciones cardiovasculares, incluidas miocarditis y alteraciones de la coagulación.

Los riesgos y beneficios de la vacunación deben analizarse mediante evidencia científica y recomendaciones sanitarias actualizadas, no a partir de publicaciones sin verificación.

Reconocer los síntomas a tiempo puede salvar vidas

Los especialistas coinciden en que uno de los mayores peligros es minimizar las señales de alarma por considerar que una persona es demasiado joven para sufrir un infarto.

Una molestia en el pecho puede confundirse con estrés, problemas digestivos o tensión muscular, pero cuando se trata de un evento cardíaco cada minuto cuenta.

La atención médica temprana permite realizar pruebas diagnósticas e iniciar tratamientos que pueden reducir el daño al músculo cardíaco.

El mensaje central es sencillo: la prevención debe comenzar temprano y los síntomas de una posible emergencia cardíaca nunca deben ignorarse.

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