Trump pone a China en el centro de su ofensiva contra Irán antes de encuentro con Xi Jinping
- retenchiriqui
- hace 1 hora
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La nueva ofensiva económica de Estados Unidos para aislar a Irán tiene un obstáculo de enorme peso: China, principal comprador del petróleo iraní y una de las piezas fundamentales que permiten a Teherán mantener ingresos pese a las sanciones occidentales.
La administración del presidente Donald Trump elevó esta semana la presión sobre el régimen iraní y advirtió que países, empresas e instituciones financieras que mantengan determinados negocios con Teherán podrían quedar expuestos a sanciones secundarias estadounidenses.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, describió la estrategia como una ofensiva económica destinada a cortar las fuentes de ingresos utilizadas por Irán y advirtió que Washington pretende atacar las redes financieras y comerciales que permiten al país sortear las restricciones internacionales.
La estrategia, sin embargo, plantea una pregunta geopolítica de enormes dimensiones:
¿Hasta dónde está dispuesto Trump a presionar a China?
China, la pieza más difícil
Mientras Washington podría tener mayor margen diplomático frente a países que mantienen simultáneamente relaciones con Estados Unidos e Irán, el escenario con Beijing es considerablemente más complejo.
China continúa siendo el principal soporte comercial externo de Irán, particularmente mediante sus compras de petróleo. Un reporte de The Wall Street Journal sitúa en más del 80% la proporción del crudo iraní que termina en China.
Las operaciones pueden involucrar intermediarios, transferencias entre embarcaciones y mecanismos de pago en yuanes destinados a reducir la exposición al sistema financiero dominado por el dólar.
Esta relación convierte a Beijing en una variable fundamental: una campaña para reducir drásticamente los ingresos iraníes difícilmente alcanzaría todo su potencial sin afectar el comercio energético entre China e Irán.
Washington endurece las sanciones, pero todavía mide sus pasos
Estados Unidos anunció sanciones contra alrededor de 60 personas, entidades y embarcaciones y puso el foco sobre sectores utilizados por Irán para obtener recursos o sortear restricciones, entre ellos transporte marítimo, aviación, tecnología, oro y activos digitales.
Pero existe un detalle significativo.
Washington no avanzó por ahora contra los principales bancos chinos, una decisión que evidencia la complejidad de llevar la presión económica hasta sus últimas consecuencias.
Aplicar sanciones de gran alcance sobre instituciones financieras estratégicas de China podría abrir un nuevo frente entre las dos mayores economías del mundo, precisamente cuando Washington y Beijing intentan manejar sus diferencias comerciales.
Xi Jinping entra en la ecuación
La tensión económica alrededor de Irán aparece además en vísperas de un esperado encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, previsto para septiembre en Washington.
La relación entre Beijing y Teherán podría convertirse entonces en uno de los asuntos más sensibles de la agenda.
Trump necesitaría convencer a Xi de reducir los canales económicos que permiten a Irán continuar comercializando su petróleo; Beijing, por su parte, ha rechazado las sanciones unilaterales estadounidenses y anticipó que tomará las medidas necesarias para defender sus intereses.
China responde
La reacción de Beijing no tardó.
China rechazó las sanciones estadounidenses contra ciudadanos y empresas chinas relacionadas con operaciones iraníes y calificó las medidas de Washington como unilaterales.
La situación abre así un escenario particularmente delicado: si Washington decide extender sus sanciones hacia instituciones financieras o grandes compañías chinas, la ofensiva contra Irán podría transformarse también en un nuevo conflicto económico entre Estados Unidos y China.
Irán también amenaza con responder
Teherán, entretanto, ha rechazado la ofensiva estadounidense y advertido sobre posibles represalias frente a una intensificación de las sanciones.
Las autoridades iraníes confían en que socios como China y Rusia mantengan parte de sus vínculos económicos pese a la presión de Washington.
Por ello, el verdadero alcance de la estrategia estadounidense todavía está por determinarse.
Estados Unidos puede incrementar las sanciones sobre Irán, pero llevarlas hasta las instituciones que sostienen una parte importante de su comercio exterior significaría confrontar directamente intereses económicos chinos.
Y allí estará una de las grandes pruebas de la próxima negociación entre Trump y Xi.





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